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jueves, 28 de abril de 2011

Cap. 14: La marca

---Sí, ya… ya estoy despierta. --- dije.

La voz me temblaba un poco y parecía que estaba un poco afónica. La sensación de que no podía respirar aún se mantenía, por desgracia. Mi madre apareció por la puerta de la cocina y me puse extrañamente tensa.

--- Bueno, ¿qué has estado haciendo esta tarde? --- me preguntó con una ligera sonrisa.

--- Deberes --- dije, demasiado pronto. --- Y trabajos, y resúmenes... se van acercando los exámenes y quiero estar preparada.

--- Más te vale, has bajado un poco esta evaluación… ---Lo que me faltaba, tener que estudiar todavía más. La vida del estudiante es una mierda. --- ¿Cuándo os dan las notas?

--- Pues en junio, como siempre --- respondí con sorna.

--- ¡No me hables así! --- dijo mi madre con enfado. No pretendía que se pusiese así.

Me giré y subí las escaleras, sin contestarle siquiera, porque sabía que si lo hacía, acabaríamos discutiendo y hoy, precisamente hoy, no me apetecía.

Me senté en mi cama esperé. No sabía a qué, pero me quedé esperando. Pasaron los segundos, los minutos, las horas… bueno, tanto como las horas no, pero pasó un rato largo, muy muy largo. Sin darme cuenta siquiera, encendí la radio. Me tumbé boca arriba y escuché la letra con los ojos cerrados…

Y la oscuridad llegó a mi ventana,

subió por la enramada,

y finalmente me alcanzó.

Abrí los ojos de golpe y me acerqué a la radio. Lo raro era que en ese momento estaban teniendo un debate sobre la energía nuclear. No había música. ¿De dónde había salido esa melodía? ¿Podría haberme quedado dormida?

De repente un escalofrío me recorrió la espalda: la ventana estaba justo detrás de mí y una fresca brisa estaba acariciando mi nuca. Mi respiración se paró mientras me giraba lentamente hacia atrás. Inspiré y bajé de la cama intentando ver qué había fuera. Me apoyé en el marco y escruté el exterior. Parpadeé los ojos para ver mejor y creí ver algo que se movía entre la oscuridad de la noche. No supe nunca porqué, pero salté de la ventana.

Cerré los ojos antes de aterrizar en el suelo de cuclillas y cuando los abrí no estaba precisamente en mi jardín, tirada en el césped, no: estaba en una oscura habitación oscura, muy oscura. Intenté ver algo y de repente una luz cegadora apareció. Cuando los ojos se me acostumbraron a ese cambio de visibilidad, me di cuenta de que estaba bajo tierra, o eso parecía, porque el techo y las paredes (redondeados) parecían de piedra, color tierra, y el techo era extremadamente alto. No conocía ningún edificio por allí que tuviese tal altura.

Allí se respiraba con cierta dificultad, parecía que había kilos y kilos de tierra sobre ese lugar. Caminé hacia una especie de burbuja que había a lo lejos.

Después de caminar mucho tiempo, parecía que no iba a llegar nunca. Cada cierto tiempo, la cápsula se iba difuminando más y más hasta que llegó un momento en el que desapareció del todo y una especie de ciudad apareció poco a poco. Empecé a ver borroso. Las imágenes iban y venían, y la ciudad desapareció por un momento en el que me quedé sin respiración. Cuando volví a ver con cierta nitidez estaba tirada en el suelo mirando al rocoso techo. Me levanté con cierta dificultad y miré a mi alrededor. La ciudad seguía allí, intacta, y sin burbuja alrededor. El resto del lugar parecía tan infinitamente grande como antes. Me pregunté a quién diablos se le había ocurrido escavar algo de ese tamaño y pensé que debía haber sido algún tarado. Seguí caminando hacia aquella ciudad. Un montón de casitas parecidas lucía ante esa luz que seguía sin saber de dónde llegaba. Un campanario se podía ver desde la punta más lejana del pueblecito, porque no era tan grande como una ciudad entera. Aún así, no veía a nadie por la calle. Seguí caminando. El suelo se estaba haciendo cada vez más húmedo, o esa sensación me daba a mí.

Llegué hasta un puente de madera y miré hacia el techo por tercera vez. Una bola de luz dorada se encontraba flotando en medio de una bóveda justo por encima de aquel pueblo. Lo que yo decía, un tarado.

Al intentar cruzar el puente para llegar a las puertas del lugar, una de las tablas se resquebrajó por uno de los laterales y justo antes de caer…

Abrí los ojos de golpe. Estaba tirada en mi alfombra y un hombre de voz grave seguía hablando del incidente de Chernóbil.

Me levanté corriendo del suelo, aturdida, pensando que me iba a manchar de tierra cuando realmente me di cuenta de donde estaba. Me senté en la cama, mirando la radio.

Las palabras resonaban en mi cabeza, como dando martillazos. Tarado... era una palabra que Alex no dejaba de repetir. Si no lo decía cuarenta veces al día, no dormía tranquila. Sonreí para mí misma pensando en las tardes sentadas en la terraza del bar Baobab, llamando tardos a todos los que pasaban: el chico del caniche, el hombre de la capa manchada de tierra, los tres góticos que llevaban cadenas que parecían de una cárcel antigua arrastrando por el suelo… Siempre se me acababa saliendo el refresco por la nariz.

Apagué el aparato y me desperecé. Me recogí el pelo en una coleta y cuando rocé mi nuca con el dorso de la mano, noté una especie de marca en relieve sobre mi piel. Al principio pensé que era un lunar, hasta que me di cuenta de que formaba un dibujo. No sabía muy bien que era e intenté mirarme en el espejo, pero era increíblemente difícil girar mi cabeza ciento ochenta grados para poderlo ver.

Me pasé como una media hora buscando un espejo pequeñito, de los que se llevan en el bolso, para enfocarme la nuca y mirar en el espejo como era aquella marca. Parecía un nudo celta: era un círculo, en cuyo centro se unían los cuatro pétalos de lo que parecía una flor muy simple. Tenía un curioso color morado brillante. Me fui a la cama y me pregunté qué podría soñar esa noche, si ya había tenido ese extraño “sueño” en el que era Alex de nuevo (qué extraño…)

Justo en el momento en el que me iba a meter en la cama, mi madre me llamó desde abajo.

--- Abbie, tienes una carta. --- Suspiré con resignación y bajé medio trotando, bajando las escaleras de dos en dos.

Abrí la carta con cuidado. Era del instituto y decía que al día siguiente por la tarde tendría clase extra de biología.

--- ¿Pasa algo? --- me preguntó mi madre cuando iba a volver a la cama.

--- No, es que tengo que quedarme mañana más tarde para dar una clase más de biología. --- contesté.

--- ¿Y vas a comer allí?

--- Supongo --- respondí, sin darle mucha importancia al tema.

Subí, volví a taparme con las sábanas en la cama y me quedé profundamente dormida.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cap. 13: El código


Mis ojos casi se salen de sus órbitas al oír esas tres simples palabritas. Voy a ser sincera, lo primero que se me pasó por la cabeza fue darle con el tenedor en la frente. ¿Podría Heather descubrirnos? ¿Qué pasaría si…? Vale, estaba siendo exagerada, no eran muy importantes esos sueños, por lo menos ahora, y ¿quién sabía si Heather se lo había tomado como un juego o no? Ahora no es el momento de ser pesimista, ahora tengo que ser una amiga… pensé.

Respiré hondo y me dije a mí misma una y otra vez que no iba a pasar nada. La miré con firmeza. Su expresión era extraña. Parecía que realmente se arrepentía de lo que había hecho.

--- ¿Qué te dijo?--- le pregunté con suavidad.

--- Me… me tomó por loca… --- dijo con lágrimas en los ojos, pero no llegó a llorar. --- Creía que estaba bromeando. Me dijo que era una tontería, que todo el mundo tiene sueños extraños. --- Tragó saliva. Se notaba que le costaba un gran trabajo recordar a Heather, su gran amiga, tratándola como a una lunática. En cierto modo, la entendía. Heather llevaba todo el instituto bajándome la moral poco a poco. No tenía mucho ego, así que no debió de costarle demasiado. Sabía lo que era sentirse así. Apoyé mi mano en la suya para que viese que le entendía.

>> Me sentí… destrozada. Creía que ella era mi amiga. Se lo dije para tener a alguien que me dijese ‘’No pasa nada, ya verás como no.’’ … --- Su mano resbaló debajo de la mía y se la apoyó en la frente.--- Salí corriendo hacia mi casa y te llamé.

--- ¿Por qué a mí? --- pregunté inclinando la cabeza hacia ella para poder atisbar sus ojos.

--- No… no estoy segura… era como si algo dentro de mí marcase tu teléfono, no fue para nada voluntario, ni siquiera lo sabía, nunca te lo he pedido… --- soltó una risita nerviosa.

Me quedé pensando. Sabía a qué se refería. Yo también había tenido esa sensación el otro día, cuando salía de clase y quería volver andando a casa… cuando encontré el móvil…

De repente, sonó un pitido del piso de arriba. Noah y yo giramos la cabeza hacia las escaleras. Un escalofrío recorrió mi espalda. Noah me miró con el ceño fruncido y me levanté. Ella me siguió subiendo las escaleras hasta entrar en mi habitación, que se quedó en la puerta. Busqué por todos lados hasta dar con la maldita causa de mis quebraderos de cabeza. Tenía un mensaje.

D6, D8, I2, I1, Ab

--- ¿Qué es? --- preguntó Noah acercándose a mí. Le mostré la pantalla. --- Aham… Repito, ¿qué es?

--- No tengo ni la más remota idea… --- contesté bloqueando el móvil. --- Pero tengo hambre, así que ahora mismo, me da igual. ¿Vamos?

Noah asintió con la cabeza agarrándose los codos con las manos y bajamos las escaleras.

Pasó la mitad de la tarde sin que nada más interesante pasase, excepto que gracias a Noah los problemas de química resultasen bastante más sencillos que de costumbre. Estuvimos bastante tiempo en silencio, sin hablar absolutamente de nada. Se hacía tarde y no sabía cómo tenía que hablarle a Noah, así que intenté dejar de pensar y hacer caso de mi instinto, por así decirlo.

--- Noah, no es por nada, pero ¿cómo piensas volver a casa? --- Noah se quedó un rato dubitativa, repasando sus opciones, me dije a mi misma. --- Eooo… ¿Noah?

--- ¿Eh? ¡Oh! Emm… ¿Andando…?

--- Noah, ¿eres tonta o persigues coches aparcados? ¿Cómo vas a ir andando a casa? ¿Sabes lo lejos que vivo de la civilización?

--- Ya pero… un paseo nunca viene mal ¿no?

Después de un rato discutiéndolo, Noah llamó a su madre y la recogió media hora después. Nos había dado tiempo a acabar todos los deberes y a empezar un par de redacciones, así que no me apetecía seguir haciendo nada. Me tumbé exhausta en el sofá y recé por no quedarme dormida. Miré hacia el techo mientras los párpados se cerraban poco a poco y cansinamente. Cada vez que me daba cuenta de que me estaba quedando dormida, parpadeaba rápidamente.

No sé exactamente en qué momento de esos en los que cerraba los ojos me dormí, pero aparecí en un sitio oscuro y frío. Todo estaba borroso aunque se podía distinguir, a duras penas, un tono verdoso en el aire que me rodeaba. Estaba mareaba y tenía la sensación de que me iba hundiendo. De repente, algo me cogió por el pie y una sensación de agobio me recorrió todo el cuerpo. Ahora todo se veía más nítido. Estaba hundiéndome mientras esa garra me arrastraba hacia las profundidades. Las algas que me rodeaban le daban color al agua y me hacían sentir una repugnancia que me provocaba arcadas. O quizás fuese que notaba los pulmones llenos de agua. Una ansiedad que no había experimentado nunca hizo que todas las fuerzas que me quedaban fueron a mis piernas que se impulsaban contra la zarpa que me apresaba. Cuando desistí, me encogí para comprobar si mis manos podían liberarme de esa presión y arañé esa masa viscosa. Miré hacia abajo y vi una mano perfectamente humana pero del color de las algas que se confundía con el fondo, y cuando hice un esfuerzo para ver de dónde salía, comprobé que unos ojos rojos y brillantes, como las luces Stand By adornaban una cabeza de las mismas características de la monstruosidad que me apresaba el pie.

Me levanté sin poder respirar apenas y miré por la ventana. Era bien entrada la noche y seguramente mi madre ya estaba aquí. Me levanté sin hacer ruido para no molestar a mi madre, que seguramente estaba terminando sus gráficas… No paraba de trabajar.

--- ¡Abbie! ¿Ya estás despierta, bella durmiente?

sábado, 12 de febrero de 2011

Cap. 12: Escaleras y relojes

En clase, distraída como siempre, los ojos se me cerraban. Ponía la mente en blanco, o intentaba escuchar, sin resultado alguno: no me enteraba de nada. Esa noche no había dormido muy bien y las malas noches pagan factura por la mañana. ¿Por qué las clases no serían por la tarde? Así la gente no tendría que madrugar…

Cuando tocó el timbre, salí de clase dando traspiés y casi me choco con Tamara, y luego con Loyola. Miré el reloj y pensé a qué hora podría volver a ver a Noah cuando me la encontré junto a mi taquilla. Parecía esperar a alguien. Miraba inquietamente a ambos lados del pasillo hasta que nuestras miradas se encontraron y vino hacia mí.

--- ¿Te importaría que fuese a tu casa después de clase? --- seguramente vió la cara que ponía, porque enseguida dijo--- Es que no va a haber nadie en mi casa y no me apetece estar sola… Bueno, ¿qué te parece?

La verdad es que no sabía lo que me parecía así que le dije que sí, para poder hablar con ella a solas.

--- ¡Gracias! Luego te guardo sitio en el autobús ¿vale? ¡Adiós!

Y se fue corriendo antes de dejarme contestar. Ese comportamiento hacía que en mi cabeza apareciese una jaqueca impresionante. No me acababa de acostumbrar a Noah.

A la salida me senté con ella en la parte de atrás. Poco después entró Coby y se sentó a mi derecha… Perfecto. La situación más cómoda del mundo.

--- ¡Hola!

--- Emm… hola. Coby, ésta es Noah. Noah, Coby.

--- Encantada.

--- Igualmente.

Me encantan esos silencios incómodos en los que a nadie se le ocurre absolutamente nada que decir.

Los minutos pasaban y mi impaciencia se iba incrementando mientras me mordía el labio. Finalmente, el autobús paró al lado de mi casa. Noah se levantó, me sonrió y me hizo un gesto con la cabeza para que le siguiese. Después de levantarme, miré a Coby y me dijo que le llamase. Seguí andando, mirándole y con el cejo fruncido pensando en de dónde iba a sacar su número de teléfono.

Cuando abrí la puerta, dejé pasar a la extraña en mi santuario rezando para que me sirviese de algo llevar al enemigo a mi casa.

--- ¡Qué chico más guapo! ¿Quién es?

--- Coby, un chico del insti.--- contesté.

--- ¡Oh! ¿Me lo dices en serio? --- dijo con sarcasmo. --- Ya me lo imaginaba, se ha montado en el autobús del insti, por si no te has dado cuenta… --- puso los ojos en blanco. --- Bonita casa. Es emm… muy rústica.--- señaló con no mucha convicción en la voz.

--- Gracias, creo.

Entró en la cocina y registró todo. Era bastante gracioso ver a Noah andando por allí como si fuésemos amigas de toda la vida… Gracioso en el sentido macabro de la palabra. Se quedó embobada mirando un sencillo reloj de pared que, por supuesto, no pegaba con nada. La verdad es que tenía su encanto: era de madera, haya creo; la base era cuadrada; las manecillas, blancas como el marfil; y en relieve, una flor, posiblemente una margarita con doce pétalos más cortos de lo normal con los que marcaba las horas. Sí, era bastante bonito.

--- Es exactamente igual que el que tenía mi abuela en su salón. --- dijo sin apartar la vista del aparato.

--- ¿Tenía? ¿Es que ya no? --- me arrepentí justo después de decirlo.

--- Murió --- contestó sin más.

--- Oh… lo siento.

--- No pasa nada, fue hace mucho tiempo… --- dijo con cierto matíz de tristeza. --- Bueno, no pensarás que he venido solo para hacerte compañía ¿no? --- y tosíó con un sonido parecido a --- Cog… mida.

Puse los ojos en blanco.

--- Ya voy, ya voy… --- dije con desgana.

Cogí las sobras de lasaña del día anterior y las metí al microondas mientras Noah salía de la cocina a seguir cotilleando. Puse la mesa y cuando estaba llenando la jarra de agua, Noah me llamó desde el piso de arriba. Subí las escaleras. Miraba un retrato torcido de la pared: era el de Leona.

--- ¿Quién es? --- preguntó con curiosidad.

--- Es… Leona.

--- Oh… La verdad es que le va que ni pintado --- contestó ella. --- ¿Cómo puede tener ese volumen de pelo? Bueno, que el resto del cuerpo tampoco se queda corto en eso de volumen… Jajajaja.

No pude contener una sonrisa. Era cierto que aquella melena de mi hermanastra era idéntica a la del animal que le daba su nombre, y además tenía un cuerpo que era más bien tirando a enorme. Era más fácil saltarla que rodearla. Hablando de Leona, hacía tiempo que no sabía nada de ella… Bueno, seguramente estaría comiendo así que mejor no pensar en ella.

--- Y ¿quién es? --- mis planes de olvidarla no parecían dar fruto.

--- Es mi hermana --- Noah frunció el cejo. --- Bueno, mi hermanastra.

--- Y… ¿te cae bien? --- preguntó con curiosidad, como si temiera que le dijese que sí.

--- Claro que no --- dije con una sonrisa. --- Es odiosa, siempre se mete conmigo, su madre la adora, siempre que cenábamos juntos en Navidad buscaban algo con lo que compararme con ella para que yo pareciese menos…

--- ¿Y no decían nada de su peso? 250 kilos, ¿no?

Sonreí. Me gustaba esta chica, aunque a veces era difícil de soportar, parecía que nos podíamos llegar a llevar bien.

Sonó el alarmita del microondas y bajamos las escaleras de nuevo. Antes de llegar a la puerta, Noah se quedó mirando el cuarto… no, el quinto escalón.

--- Ey, esto tiene un agujero… ---dijo con sorpresa.

--- ¿Qué? --- me sorprendió tanto o más que a ella. Llevaba buena parte de mi vida viviendo en aquella casa, incluyendo la época en la que me dio por tirar los cochecitos de juguete rodando por las escaleras y era bastante complicado que nunca me hubiese fijado en ese boquete que se abría en la izquierda del quinto escalón. Tenía la forma de cerradura. Era muy peculiar. La miré a ras del suelo y parecía bastante profunda. Era extraño…

--- Bueno, yo tengo hambre, así que… --- comentó Noah con sutileza.

--- Vale, vale, tranquila… --- recobré mi camino hacia la cocina y puse los cubiertos y los platos blancos con rosas en el centro sobre la mesa. Serví la lasaña y me senté. Noah me imitó.

Pocos mordiscos después, Noah levantó la cabeza y dejó el tenedor sobre el plato. Tragó con fuerza y respiró profundamente.

--- ¿Qué…

--- ¿Qué ha pasado con Heather? --- pregunté yo antes de que ella dijese nada.

Volvió a respirar hondo y respondió.

--- Se lo conté…

viernes, 29 de octubre de 2010

Cap. 11: Información


Miré a los verdes ojos de Coby que me observaban con una expresión que no supe bien cómo descifrar. Quizás de admiración.

- Buenos días Abs. ¿Qué tal estás hoy? - una sonrisa iluminó por completo su cara. Si serio era guapo, sonriendo aún más. Y creedme: serio era guapo.--- Abbie, ¿estás bien?

- ¿Eh? Sí, sí. Por supuesto-forcé una sonrisa que estoy segura de que parecía natural. Soñar despierta se me daba demasiado bien.

-Me alegro.-la verdad, realmente parecía contento de verme bien.

- Oye, ¿ayer viniste a clase?

-No, ¿por? - Perfecto, ahora alucinaciones. Seguramente me estaba volviendo loca.

-Porque creí verte, nada más.

Estuvimos mucho rato sin hablar. Mucho, mucho rato. La verdad es que se me hizo eterno. El corazón me latía a mil por hora y no paraba de morderme el labio. Me parecía que se iba a acabar haciendo una herida. De vez en cuando le miraba de reojo, por el mero hecho de comprobar que no se había volatilizado… de nuevo. ¿Debería contarle lo de anoche? No estaba segura. Con Noah había sido más fácil. ¿Por qué?

La respiración se me aceleraba por segundos. Deseaba salir en seguida de aquel autobús. Todo el remordimiento que me corroía se iba acumulando más y más en el aire del vehículo.

Cuando al fin llegamos a las puertas del instituto Napoleón, Coby no parecía haberse dado cuenta de mi lívida cara. Intenté aparentar toda la normalidad posible, sin arremeter contra la puerta, ni nada parecido. Con tranquilidad cogí la mochila y salí del autobús con paso decidido pero no muy apresurado. Hay que lograr mantener las apariencias, pensé. Me despedí de Coby con una sonrisa justo antes de entrar a clase de biología me topé con Noah de frente. Seguramente ésta era una de las clases en lasque no coincidía ella y Heather.

- ¿Es verdad que tú también...? - preguntó con los ojos llorosos.

- ¿Por qué tendría que haberte mentido? Es decir, ¿de qué me serviría? - inquirí.

- Entonces, ¿no me voy a ahogar? - esperaza. Los ojos de Noah son como ventanas a su alma.

- No lo creo. La verdad es que es bastante improbable ahora mismo. ¿Estás planeando una excursión al lago?

- No.

- Ahí lo tienes.

-Me quitas un gran peso de encima - su cara ya no era la que me había topado hacía unos momentos. - Aún así, no entiendo cómo hemos podido tener ese sueño las dos. La misma noche. Y además el dibujo… No tiene sentido - dijo como si allí se hallase la solución.

- Bienvenida a mi mundo… ---susurré.

La verdad es que me sentía mejor sabiendo que no era la única que tenía esas extrañas pesadillas, aunque seguro que Noah no recibía extrañas notas ni llamadas extravagantes. ¿Estaba delante de una fiel aleada o de un topo inspeccionando terreno enemigo?

Mi mente no dejaba de hacerse estas preguntas durante toda la clase siguiente, aunque algo dentro de mí me decía que podía confiar en ella, cuantas más vueltas le daba, más raro se hacía. Tenía que hablar seriamente con Noah. Sería bueno aprovechar esta tarde porque de momento no habían mandado muchos deberes.

viernes, 1 de octubre de 2010

Cap. 10: Silencio


Suspiré y puse los ojos en blanco. ¿Cómo no? Raro era que no coincidiera alguna de estas cosas, pero seguía sin tener sentido.

Suspiré y me decidí por ir al instituto. ¿Qué podía hacer sino? Tenía que ver a Coby y contarle lo que había soñado aquella noche y su relación con un dibujo que había hecho esa mañana.

Me desperecé un poco e intenté bajar las escaleras sin caerme rodando por ellas, cosa bastante difícil con mi excelente equilibrio. Además, madrugar no es lo mío. Con los ojos entre cerrados llené de cereales Frosties un tazón con leche y los calenté en el micro-ondas. Me dio un vuelco el corazón cuando de repente sonó el teléfono. Fui al salón, me senté en el sillón y lo cogí con poca gana, máxime si esa noche no había dormido suficientemente bien. Mis ojos se entornaron automáticamente al oír la voz que salía del teléfono.

--- ¿Abbie? – era Noah. Increíble que me dirigiese la palabra durante tanto tiempo seguido sin insultos… esto tenía que aparecer en el libro Guinnes de los récords.

--- ¿Sí? – mi voz sonó bastante más fuerte de lo que yo imaginaba que iba sonar. Mucho más fuerte de lo que yo me sentía.

--- Eeeh, no sé lo raro que te va a parecer esto, es una locura, sobre todo después de lo que te he hecho, de verdad que…

--- Noah, ve al grano. --- sentía ser tan dura con alguien, pero después de todo lo que ellas me habían hecho pasar desde primaria, no merecía mucho mi perdón. Aún así, me sentí un poco mal por dentro.

--- Vale, he soñado con el bosque de tu dibujo. Cuando lo vi me sonaba de algo pero no sabía de que. Tenía una sensación que no había tenido en mi vida, veía sombras en tu dibujo que no estaban y me sentía muy rara. Esta noche he soñado que me ahogaban en el lago del bosque. ¿Qué significa eso? Dime que lo sabes, por favor, dime que lo sabes. --- la inquietud que mostraba Noah no la había visto nunca en alguien como ella. Parecía que iba a llorar en cualquier momento.

Sentí tanta lástima que no pude evitar cambiar mi tono totalmente. Ella no podía saber nada de lo que yo había soñado. Ni siquiera lo sabía Coby.

--- Yo… yo tampoco lo entiendo. El dibujo lo hice involuntariamente. No sabía lo que hacía y… --- quería contarle que yo también había soñado esa noche, algo me decía que podía contar con ella, además, no había en mi cabeza ninguna voz que me dijese que no debía hacerlo. Tosí para aclararme la voz y me decidí por contárselo --- Yo también he tenido ese sueño.

Un incómodo silencio se apoderó de mi alrededor. Son esos silencios en los que lo único que se pueden decir son tonterías, así que por si acaso, puse mi propia mano sobre mi boca de tal manera que me fuese imposible pronunciar palabra. Tardó mucho en contestar, pero al final, ella rompió el silencio.

---Bueno, vamos a llegar tarde. Luego hablamos ¿vale?

Colgó sin darme tiempo a contestar. ¿No se suponía que era el perrito faldero de Heather, mi enemiga jurada?

Recuerdo cuando éramos más pequeñas, con once años, en verano. Siempre íbamos todas las chicas de clase juntas a la piscina y pasábamos el día allí. Heather y yo íbamos a todas partes juntas. Éramos inseparables. No sé muy bien qué pasó ese verano, que no nos volvimos a hablar, y de ahí pasamos a ser enemigas. Nunca me había planteado el porqué. Ni quería pensar en ello. Heather se había convertido en una persona horrible en los últimos años.

Miré el reloj en la cocina y oí una bocina en la calle. Noah tenía razón: íbamos a llegar tarde.

Me prepare todo lo rápido que pude, siempre sin sobrepasar la velocidad de la luz. Cogí la mochila y salí volando por las escaleras tropezándome a cada paso que daba.

Subí al autobús por los pelos, y el único sitio que quedaba libre era uno al final de autobús. Cuando me dí cuenta de quién estaba sentado al lado el corazón me dio un vuelco.

martes, 7 de septiembre de 2010

Cap. 9: El bosque


La clase se me estaba haciendo eterna. No es que fuese extraño, la verdad es que me suele pasar a menudo, pero esta esa especialmente larga.

La Srta. Sigoiu es una gran profesora. Siempre intenta hacer esta asignatura muy divertida, porque le gusta mucho y tal, pero cuando una asignatura es aburrida, por muy buena que sea la profesora, eso no hay quien lo cambie.

El segundero iba a la velocidad del minutero. Me di por vencida después de intentar escuchar cinco minutos de la insoportable lección y saqué mi cuaderno para dibujar. Me dediqué a dibujar líneas abstractas. De vez en cuando parecía que cogía forma, pero enseguida se volvía a difuminar todo.

Cuando ya me empezaba a aburrir de ello, justo sonó el timbre. Amontoné todo lo de encima de la mesa cogía la mochila y salí casi corriendo de clase. El pasillo era un caos. Me encontraba entre un montón de gente empujando y dando codazos, todos con el fin de llegar pronto a clase para coger un buen sitio. No había sido buena idea salir tan rápido. Me pegué a la pared esperando a que aquel río humano se disolviese poco a poco. Cuando los pasillos se volvieron transitables y solo quedaban un par de personas, me dispuse a caminar de nuevo cuando oí una voz a mi espalda.

---Bonito dibujo.--- me resultaba extraño oír ese tono de voz en esa persona: Noah.

No era sarcástico, ni irónico, ni burlón, parecía… amable. (No quiero decir el nombre de esa Hermana Monster ni el de ese adjetivo en la misma frase porque no quiero que mis lectores sufran un trauma psicológico).

Me di la vuelta, consciente de la cara de sorpresa/miedo/más sorpresa que yo tenía. Bajé la vista y me encontré con lo que Noah estaba mirando. Era mi cuaderno.

Esas líneas sin sentido se habían convertido en un precioso, aunque tenebroso bosque que parecía sacado de un cuento de hadas. En un claro había un lago de aguas placidas que parecías reflejar la luz del Sol. Me sorprendió bastante ver que eso lo había hecho yo misma.

---¿Es tuyo? Quiero decir, ¿lo has hecho tú? --- la voz de Noah me sacó de mi ensimismamiento.

---Sí, eso creo…--- afirmé con poca seguridad en la voz.

--- Es… maravilloso. No sabía que dibujases tan bien.

---Ni yo… --- mascullé en un susurro que casi no lo oí ni yo misma.

Sonó el timbre y me di cuenta de que esa conversación era del todo irrealista, pero no me dio tiempo de preguntarle a Noah a qué se debía su comportamiento porque se despidió y se fue tan rápido como yo había salido de la clase.

El resto del día me dediqué a pensar en todo detenidamente: Cobys que desaparecen, Hermanas Monster simpáticas (esto no crea un trauma, posiblemente un leve shock) y un dibujo que había hecho pero de forma inconsciente.

Solo llegué a la conclusión de que no había visto realmente a Coby y a Noah la habían abducido los extraterrestres y habían dejado a uno de los suyos en su lugar. Respecto al dibujo, no tenía ni idea de cómo podía haber dibujado yo eso, teniendo en cuenta mi 6 en plástica.

Esa noche me acosté con un dolor de cabeza horrible y con muchísimas ganas de descansar. En ese momento recordé que “alguien” me debía haber llamado aquella tarde. ¿A qué se debía la no-llamada de la persona que me dejaba las notas?

Me dormí pensando en ello. No sé si el rumbo de mis pensamientos tuvo algo que ver con la pesadilla de aquella noche, pero no la había tenido nunca.

Me encontraba en un bosque oscuro. Parecía de noche, aunque no se sabía muy bien porque las copas de los árboles no dejaban ver bien el cielo. No sabía porqué pero necesitaba correr. Y eso hice. Corrí hasta llegar a un lago de un claro. Ahora estaba segura de que era de noche.

No sabía qué hacer. Estaba nerviosa y no sabía porqué, quería correr pero, ¿hacia dónde? Me asomé a las aguas del lago. Estaban tan tranquilas… Acerqué más la cara hasta que mi imagen se reflejó las tranquilas aguas, pero no fui yo la que apareció, sino Alex, de nuevo. Luego apareció otra cara más. Y sentí que me empujaba hacia el fondo del lago. Yo trataba de dar bocanadas de aire pero lo único que entraba en mis pulmones era el agua gélida del lago, hasta que lo último que sentí fue que me ahogaba…

Me desperté muy agitada dando bocanadas tremendas de aire. Mis sueños eran tan realistas… Salté de la cama y busqué en mi mochila. Saqué el cuaderno. Tenía razón: el bosque de mi sueño era el que había dibujado esa mañana en el instituto.

jueves, 29 de julio de 2010

Cap. 8: Ilusiones


Me levanté de mi sitio temblando. Respiré hondo una vez y me encaminé hacia la puerta de clase. Todos me seguían mirando con esas caras tan estúpidas. Abrí la puerta y la dejé entreabierta mientras me dirigía al despacho del director Tell. Solo había entrado allí una vez porque un chico tiró una piedra al váter y yo lo había visto (vamos, de testigo), pero no me acordaba bien.

Llamé a la puerta con cierta vacilación esperando la ronca voz del director a través de la madera. Cuando la oí, abrí la puerta mirando al suelo y casi no me atreví a cerrarla. Cuando sonó un crujido, adelanté dos pasos y levanté la cabeza del suelo. Benjamin Tell había cambiado demasiado desde la última vez que le había visto: estaba totalmente calvo y una barbilla muy pronunciada sobresalía sobre todo. Unas gafas muy sencillas examinaban todo lo de su alrededor y además tenía un enorme lunar en su mejilla izquierda al que no podía dejar de mirar.

Levantó la vista del papeleo que tenía sobre su precioso escritorio de roble y se ajustó las gafas un poco sobre la nariz. Sus ojos marrón cálido le daban un aspecto afable y bonachón. Me relajé lo bastante para no dar un brinco cuando me invitó a que me sentara. Mis pasitos iban acompasados a los latidos de mi corazón. Me senté en la cómoda silla a trancas y barrancas. La verdad es que era un verdadero cambio de las incómodas sillas de case a esta. Que bien, acolchadita…

--- Señorita Launder --- su saludo me sacó de mi ensimismamiento y me tensé un poco de nuevo y él frunció el ceño. --- ¿se encuentra bien?

--- Eee, sí, perfectamente --- forcé una sonrisa aunque yo creo que me temblaba un poco la comisura del labio.

--- Bueno, la he mandado llamar por algo que usted debería saber. Está enterada ¿no? --- el corazón me dio un vuelco. No sabía cómo reaccionar. ¿Qué se supone que tenía yo que saber? No me había metido en ningún lío en todo el año… ¿Qué estaba pasando?

--- Lo siento, pero no se de que… de que habla…

--- Bueno, pues me alegra que yo le dé la noticia --- ¿? ¿Que le alegra? Definitivamente, estoy totalmente perdida. --- ha recibido una beca de estudios en la universidad de Oxford debido a su alto nivel en inglés. Sabemos que le queda mucho para tomar la decisión de aceptarla, pero en Oxford no se andan con pequeñeces y deseaban dársela ya.

--- Wow --- no sabía qué decir. Me había quedado en blanco. Yo no me esperaba ninguna beca, y menos de Oxford, y menos ahora.

--- Bueno, ahora que ya está todo, puede volver a su clase. Que pase un buen día.

Me incorporé y salí del despacho sin respirar. Cerré la puerta tras de mí y suspiré. Me deslicé hacia el suelo apoyándome en la pared. Ordené mis pensamientos. Lo único que me importaba ahora era la ausencia de Coby.

Cerré los ojos muy fuerte y me levanté para ir a clase antes de que termi…

Riiiiiiiiiiiiiiiiiiing

Mierda. Demasiado tarde. Corrí hacia clase antes de que todo el pasillo se llenase de gente para coger mi mochila. Y cuando salí con ella le vi. Iba a su clase de filología. Un momento… ¡yo también tenía clase de filología ahora!

Seguía a Coby de muy cerca, pero de repente desapareció ante mis estupefactos ojos. Entré en la clase para ver si estaba allí pero tampoco. ¿Dónde se había metido?

Justo entonces volvió a sonar el timbre y no me dio tiempo a ver si todavía estaba fuera porque entró la señorita Sigoiu.

--- Venga chicos, ¿es que no habéis oído el timbre? Sentaos.

Mientras ella pasaba lista me dediqué a mirar por la ventana. Era imposible que Coby hubiese desparecido delante de mí. ¿Y si todo eran imaginaciones mías? ¿Y si Coby estaba en casa y no había venido en todo el día? A decir verdad, mi imaginación ya me había jugado malas pasadas…